Acerca de Marcos Ana

ENTREVISTA PUBLICADA EN LA PRENSA DE LATINOAMERICA

Tengo la friolera de 87 años, no obstante, como digo siempre eso es vida de años. De vida tengo 64, que son los que RESTAN los 23 que pasé en la cárcel. Entré con 19 años en mayo del año 1939 y salté en el año 1962 con 42. Soy la persona que más época seguido ha pasado en las cárceles franquistas. Yo procedo de una estirpe muy humilde. Mis papás eran campesinos sin tierra y iletrados. Cuando tenía seis años, nos trasladamos a Madrid y nos localizamos en Alcalá de Henares. Allí vegeté mi adolescencia y mi juventud hasta que inició la guerra. No pude ir al colegio, ya que mi familia no tenía medios y enseguida me tuve que poner a buscárselas. O sea, que yo estudié metódicamente las cuatro reglas, como se decía entonces. Mis padres no correspondían a ningún partido. Eran abismalmente católicos. Eran tan obedientes que cuando pasaba el dueño hacían la señal de la cruz, como si se tratara de un encargado de Dios en la tierra. Por ese motivo yo en mi niñez era católico y, en mi adolescencia, más de una vez me gotearon las rodillas de hacer penitencia en las iglesias. Un día, sería el año 35, con quince años, asistí con un grupo de jóvenes católicos a un mitin de las Adolescencias Socialistas en Alcalá para repartir nuestra propaganda. Me quedé escuchando lo que explicaba el orador y me di cuenta de que aquel mortal estaba hablando de mí, de mi casa y de mis complicaciones. Me empecé a importar por lo que aquella gente decía. Pasé por un transcurso de innovación muy difícil. En este lapso, a lo mejor durante el día estaba vendiendo los periódicos de las Juventudes Socialistas pero después no me echaba sin hacer mis plegarias. Acabé incorporándome y, durante la guerra, me franqueé al Partido Comunista. Todavía prolongo defendiendo las mismas ideas. Hemos pulido muchos errores, sin embargo mi espíritu sigue en el mismo sitio.

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